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¿Cómo gobernar a la IA que nos va a acabar gobernando?

Soy un hombre de acción. Especialmente con la imaginación. Cuando empiezo a pensar las cosas que se pueden hacer con la IA, mi cerebro se transforma en un microondas y mis neuronas en granos de maíz. Y ese el problema de raíz:  a veces el entusiasmo mira por encima del hombro al pragmatismo.

Gobernanza de la IA suena muy aburrido mientras dejas volar la imaginación a lomos de los algoritmos. Y sin embargo si no se gobierna la IA que pretende gobernar nuestras vidas, el único resultado garantizado es la confusión y el caos. 

Para echar a volar primero hay que tener los pies en la tierra.

Esa es la conclusión a la que llegué cuando buscaba un tema para mi trabajo de fin de máster. Y lo que pretendo compartir a continuación es una pequeña reflexión tras seis meses de investigación.

Gobernar IA

Empecemos por ponerle un nombre a este problema, el AI Index Report 2026, publicado en abril por el Instituto de Inteligencia Artificial Centrada en el Ser Humano de la Universidad de Stanford (Stanford HAI) lo llamaba “The implementaton gap”. La distancia entre el reconocimiento político de la importancia de la inteligencia artificial y la capacidad real de los sistemas para implementarla de forma coherente.

En otras palabras, el uso de la IA tiende a ir por delante de las estrategias para gobernarla

Aunque el contexto en el que centré mi investigación era el mundo de la educación, es completamente extrapolable al mundo corporativo. De hecho, mi trabajo se ha alimentado constantemente de analogías entre ambos mundos, y de buenas prácticas que pueden llevarse de un lado a otro fácilmente.

Existen marcos legales para gobernar como el IA act. de la EU (quizás demasiado genéricos), existen equipos de gobierno de la IA en las empresas, y existe definitivamente preocupación sobre esta gestión en los equipos directivos de los colegios. No hay un problema de desentendimiento. Yo diría que los problemas más extendidos son dos: el nivel de concreción y, sobre todo, la educación y formación en general y sobre gobernanza de IA en particular.

El nivel de concreción de los modelos de gobernanza es bajo por dos motivos principales: las prisas y los miedos.  Es normal que mientras vemos que alumnos, empleados y miembros de la sociedad de la general nos adelantan por la derecha usando la IA surjan las prisas por poner algo en marcha, y eso muchas veces no permita profundizar y quedarnos en el genérico, pero el error es fijarnos una meta en forma de entregable con un principio y un fin en el tiempo.

Creo que la clave del éxito es tener un modelo flexible, con capacidad de evolución, y vivo, que se revise constantemente. No se trata de tener una política grabada en piedra en riesgo de obsolescencia antes siquiera de acabar la ronda de firmas de aprobación. Se trata de mantener actualizado un documento de referencia personalizado para nuestro contexto y tener una persona (al menos) que se dedique  solo a esto. Lo demás son brindis al sol.

Y lo más importante, si invertimos tiempo y recursos en gobernar, en definir qué se puede hacer y qué no se puede hacer con la IA en nuestro entorno, necesitamos que esto se conozca. ¿De qué sirve una política que nadie se ha leído o siquiera ha comprendido?

La clave del éxito vuelve a ser que no hay que ver la educación como un evento con un principio y fin en nuestra agenda, sino como una necesidad de actualización continua. Hay una parte de habilidades blandas para la gestión de la IA que sí se puede trabajar de manera más puntual, pero la parte más técnica y las políticas de gobernanza deberían actualizarse de manera trimestral, como mucho. Hoy en día ningún título es capaz de certificar que tu nivel de conocimiento seguirá siendo válido en tres meses. Cualquier persona que introduzca la IA en la ecuación de su trabajo, directa o indirectamente, necesita una actualización constante.

La sociedad ya ni tan siquiera es líquida tal y como la describió Bauman, la sociedad ahora es gaseosa. La realidad que hoy conocemos puede escaparse por el agujero más pequeño de conocimiento. O la formación fluye o eres tú el que te estancas.

Y no, esto no debería devenir en una percepción de la formación como una carga añadida. Más bien debería normalizarse, integrarse dentro de nuestro flujo de trabajo. Ocupando parte de ese tiempo que hemos debido ahorrarnos si hemos aprovechado las oportunidades que hemos aprendido. Generando así un ciclo virtuoso de formación y aprovechamiento de la IA. Gobernar con formación y formar sobre gobierno.

gobernar IA

Un ejemplo para terminar..

China, sin entrar en el debate político por no ser este el foro, se está convirtiendo en un referente en cómo gobernar la IA. Habrá quién diga, con razón, que con su modelo social juega con ventaja… pero no hay nada de lo que está haciendo a nivel educativo que no podemos copiar.

En enero de 2025, China publicó el Outline of the Plan for Building China into a Leading Country in Education (2024-2035), un plan maestro que establece la meta de convertirse en una potencia educativa global para 2035, con la inteligencia artificial como eje central del sistema educativo, y como parte de este plan, China se ha convertido en la primera nación en hacer obligatoria la educación en IA a partir de septiembre de 2025.

La inversión prevista en el sector educativo alcanza los $27 mil millones para 2026,representando la nada desdeñable cifra del 8,9% de la inversión global en IA (The AI Track, 2025)

Políticas vivas y ambiciosas y educación constante, esta fórmula de éxito es válida en cualquier contexto para gobernar la IA. Y cualquiera que sea capaz de hacerla realidad acabará dando sopa con honda a los demás.

La sociedad actual exige un cambio de mentalidad donde la educación pasa de ser “nice to have” a una necesidad de supervivencia. ¿Estamos dispuestos a invertir en ella o preferimos como la IA aplicada sin gobierno ni conocimiento siembra el caos?

 

Jesús Garzás

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