Avanzamos por la vida a base de decidir cuál es la siguiente puerta que queremos abrir. Cada puerta es una oportunidad, un cheque en blanco actitudinal, un nuevo principio para un nuevo final.
A mayor número de puertas, mayor cuota de libertad.
Me encuentro de nuevo en un momento vital de cambio, y, casualidad o no, me encuentro en este momento rodeado de adolescentes, esos seres que han llegado adonde están a través de las puertas que servicialmente les han ido abriendo sus familias y que por primera vez en la vida se enfrentan a la difícil tarea de tomar sus propias decisiones. Y no decisiones cualesquiera, decisiones vitales: los amigos, el amor y el qué quieres ser de mayor, que, sin saber cómo, ha pasado de una pregunta anecdótica de la abuela a un pensamiento recurrente y obsesivo en sus cabezas.
Y en el contexto de este blog, el profesional, me puse a mirar hacia atrás. Cumplir años me otorga una gran ventaja, poder mirar la vida desde una perspectiva más amplia. A mayor pasado, mayor contenido de aprendizaje experiencial a tus espaldas. Y reflexionando, cual abuelo Cebolleta, sobre mi vida profesional, me he dado cuenta de que ha habido decisiones que tomé casi por casualidad y que muchos (demasiados) años después me siguen abriendo puertas: optar por estudiar mi carrera universitaria (y la resiliencia para acabarla), aceptar mi primer proyecto internacional a pesar de un nivel de inglés muy mejorable, cultivar mis aficiones por poco rentables que fueran, no desaprovechar una oportunidad para formarme….
Abrir puertas que dan a otras puertas es la apuesta segura que te va a ofrecer opciones para continuar, pase lo que pase. Por eso cuando te encuentras en una disyuntiva en la que no sabes qué decidir, y una vez has comprobado previamente que esas opciones están alineadas con tus valores (requisito indispensable), creo que siempre has de elegir la que más puertas creas que te va a abrir en el futuro.
Y si la mente se te nubla y no ves nada claro a tu alrededor, aplica la cordura y toma una decisión que lleve aparejada algo de formación, porque a aprender abre puertas que dan a otras muchas puertas.
Lo maravilloso del aprendizaje no es solo lo que te da, son las puertas que te abre.
Se puede decir, que pudiendo elegir, optar por decisiones que llevan a callejones sin salida o a caminos de una sola dirección, por muy atractivos (o rentables) que parezcan puede que no sea lo más recomendable. Se puede decir con propiedad de quién lo hace que es un gilipuertas.
Y siguiendo este silogismo, el cortoplacismo sería de gilipuertas, porque no es capaz de ver más allá del siguiente paso, más allá de esa puerta que tiene frente a sus ojos.
La vida adulta es elegir, la vida adulta es saber renunciar cuando toca, la vida adulta es pasar pantallas en el juego de la existencia, puerta tras puerta. Y cómo me enseñaron hace tiempo en una formación de negoción, las cosas serán siempre más fáciles cuanto más variables (puertas) tengas en el tablero.
Y sobre todo elijas lo que elijas, no elijas ser gilipuertas
