No andamos tan sobrados de seres humanos auténticos en la oficina como para andar ahora exigiendo esa cualidad a la IA.
El tradicional e inevitable escenario laboral se ha visto tan sacudido por la visibilidad de las redes sociales que ha llegado un punto en que resulta difícil distinguir lo que importa de lo que se imposta, en que resulta imposible identificar a las personas tras los personajes. Lo original es ser auténtico.
Quizás llegó el momento de regresar a lo básico, quizás ha llegado el momento de que volvamos a ser auténticos, aunque solo sea por fardar, por ser revolucionarios, por ir a contracorriente.
En tiempos de inteligencia artificial ser auténtico es la innovación más radical y nuestro mejor valor diferencial.
Si hay una cualidad que ni tiene la IA ni se espera es sin duda la autenticidad. Podrá ser original y crear cosas que no logremos ni imaginar, pero por definición, nunca podrá ser auténtica. Podrá afinar su funcionamiento hasta ser más humana que muchas personas, pero su esencia siempre será un batiburrillo de conocimiento ajeno brillantemente optimizado por un algoritmo.
Así que después de tantos años pretendiendo ser más de lo que somos, escondiendo síndromes del impostor bajo discursos engolados, utilizando una verborrea pretenciosa para tapar carencias, resulta ahora que lo que puede ser nuestro mayor elemento diferencial en un futuro marcado por la palabra artificial va a ser la autenticidad.
Llegó la hora de creer en nuestros valores, de salir a calzón quitado a la escena corporativa, de dejar el postureo laboral para aquellos cuya mediocridad acabará igualmente devorada no por una inteligencia artificial sino por el sentido común.
Llegó el momento de apostar por ser quiénes somos, por lo que nos hace únicos frente al resto, de aportar lo que nadie más puede aportar, sin temor a no encajar con lo normativo. En la diversidad estará la virtud, en la creatividad el espacio para crecer y progresar. Porque en el pensamiento cuadriculado nadie va a poder superar a las máquinas. Enhorabuena a todos aquellos que viven encorsetados siguiendo patrones ajenos temiendo exponer sus debilidades. Su camuflaje será ahora el traje de su propio entierro.
En este futuro híbrido de personas y entidades digitales, nuestra esencia es el mejor ingrediente que podemos aportar a la mezcla.
No creo que sea necesario desmarcarse de la IA para reivindicar la autenticidad. Apuesto por un mestizaje humano-digital donde lo que nos hace auténticos será el mayor valor diferencial frente a otros casos de hibridación. Aportar generalidades a la mezcla nos convertirá en clones. Aportar autenticidad nos convertirá en un ejemplar sin igual.
Momento pues de dedicar tiempo al autoconocimiento. De identificar lo que nos hace únicos, todos lo tenemos, y convertirlo en nuestra bandera. Cuando en una tecnología cada vez más intuitiva y “para dummies” las limitaciones técnicas se desvanecen quedando al alcance de todos los públicos, el foco del aprendizaje para aquellos que quieren sacar partido a la IA debe virar poco a poco de la ciencia de los datos a la antropología, el humanismo y la introspección.
Saber de uno mismo y del ser humano en general, dominar el uso del lenguaje, y tener ganas de transformar serán las cualidades para trabajar con la inteligencia artificial.
Hagamos lo que hagamos, siempre mejor si dejamos que nuestra esencia vaya de la mano de IA, el mestizaje más oportuno. Como siempre hemos dicho en este blog, mejor en buena compañ-IA
