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(Oiga, usted) No se ría de la IA

Si has pillado la referencia del título, no necesito de ninguna IA para saber que en los últimos años han empezado a dolerte las rodillas al subir las escaleras y que utilizas la linterna del móvil para leer los prospectos de tus medicinas.

Hubo una época, allá por los ochenta, donde las amenazas de la tecnología eran representadas en un programa pseudo infantil de lo más innovador y educativo por unos pequeños seres llamados electroduendes, que estaban lideraos por la malvada (no tanto) bruja Avería.

¿Qué diría la bruja Avería de la IA? Como mínimo eso de “Oiga usted, no se ría.”

LabrujaaveríadelaIA

Si llevamos todo el año hablando de “el tema”, tiene sentido que acabe el curso hablando de IA. Quién más quién menos ya ha tenido la oportunidad de interactuar con el chat GPT y algunos afortunados estamos incorporando poco a poco a Copilot dentro de nuestra rutina laboral diaria, es decir, estamos en un momento en el que empezamos a confrontar realidades frente a expectativas, y donde los amigos del “ya te lo dije” buscan su momento de gloria para hablar de esta nueva herramienta de manera despectiva. Pero como ni la mente, ni las opiniones, de los demás son algo que pueda controlar os voy a hablar de algunas conclusiones de mi experiencia personal.

Aquellos que saben aderezar su extenso conocimiento con grandes dosis de humor se convierte al instante en referentes para mí, así que comenzaré citando a uno de ellos que he conocido este año, el experto en IA Néstor Guerra: El actual momento de la IA se podría comparar con el momento en el que se encontraba la fotografía digital aquel famoso día en que el consejo de dirección de Kodak decidió que no tenía futuro. La IA de la que tanto hablamos hoy no deja de ser aquel prototipo de casi 4kg al que los prejuzgados directivos, por razones evidentes, no acertaron a ver su potencial. Es decir, cuando hablamos de IA generativa, no conviene tanto centrarse en lo que es y en lo que hace ahora (que también), sino sobre todo en su potencial de crecimiento.

PrimeraCamaraDigital

Pillando esta vez un símil propio, me gusta hablar de Copilot como el becario Erasmus que acabábamos de contratar. Muy leído, con poca experiencia, habla nuestro idioma con dificultad, pero, sobre todo, tiene una capacidad de aprendizaje espectacular.

Algunas veces nos cuesta acercarnos a él porque aún no tenemos claro cómo hablarle (afinar el prompting), otras veces le demandamos precisión en sus resultados sin haber invertido tiempo en entrenarle, y la mayoría del tiempo no le tenemos en mente y se nos olvida consultarle cosas en la que nos podría ayudar con su extenso conocimiento. Seguimos teniendo más tendencia en consultar al veterano Google, aunque para obtener la respuesta que buscamos necesitemos hacerle el triple de preguntas de las que hubiera necesitado el becario Copilot.

Y ese es uno de mis aprendizajes trabajando con la IA generativa: lo complicado no es tanto la tecnología, sino cambiar nuestros viejos hábitos, e introducir la nueva herramienta dentro de las rutinas diarias. Es más, si queremos que la IA mejore nuestra vida laboral, debemos antes adaptar nuestro modo trabajar a su llegada.

Una vez tengamos al nuevo “becario” en nuestro radar, descubriremos que habla un inglés mucho más fluido que el nuestro, que toma notas en las reuniones a mayor velocidad que la taquígrafa del congreso, o que tiene una capacidad para leer tu correo superior a la vecina cotilla del primero. Es una mina de oro.

Traer a la IA generativa a nuestra vida laboral consta de tres pasos básicos. Explorar sus virtudes, cambiar nuestros hábitos de trabajo para darles paso, y entrenar y entrenar su infinito potencial.

En paralelo los ingenieros de Microsot, Google, Meta…. seguirán trabajando, y llegará un día en que lo que tengamos al lado para ayudarnos con nuestras tareas, no sea un becario sino un CEO. Y mientras tanto, no nos queda otra que seguir explorando, entrenando y adaptándonos, para que cuando llegue ese día, a su lado no parezcamos unos pobres iletrados, y esa IA del futuro no nos tenga que mirar de soslayo y cantar aquello de “Soy un electroduende y nadie me comprende”

Jesús Garzás

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