A ciertas alturas de la carrera profesional, cuando los niveles básicos de formación ya han sido asimilados, el desarrollo se convierte más que nunca en una tarea personal e intransferible, en una misión basada en trabajar sobre las fortalezas y debilidades propias de cada uno.
¿Por qué entonces seguimos pensando que las soluciones estándar dirigidas a grandes grupos (los cursos) van a ayudarnos a crecer más de lo que pueden hacerlo soluciones personalizadas?
