Hubo un tiempo en que pude creer eso de que las buenas ideas había que guardárselas para uno mismo hasta ponerlas en práctica. Un tiempo antiguo donde las personas no estábamos hiperconectadas y las fronteras de expansión de nuestro conocimiento se circunscribían al sitio físico donde nos encontrábamos.
En aquella época teníamos excusa para proclamarnos reyes de nuestro reino de taifas y sentirnos importantes cada vez que concedíamos audiencia a aquellos que necesitaban de nuestra sabiduría. El mundo 2.0 ha mostrado una cruda realidad para nuestros egos, nadie es tan imprescindible ni tan original como podría llegar a creerse. Haz la prueba: Invéntate un chiste o comentario mordaz sobre algo de actualidad, ponlo en Twitter, y una simple búsqueda te llevará a descubrir que veinte o treinta personas lo habían pensado antes que tú. La creatividad y el conocimiento ya no tienen sentido si no están puestos al servicio del bien común. Y ser el primero en compartir es ahora el hecho diferencial.
Por contradecir a las abuelas, y sacando la frase de su contexto primario para aplicarla al actual contexto empresarial, creo que el buen paño también debe salir del arca para venderse.

