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De IAs y egos

¿Cuánto tiempo de tu jornada laboral ocupas gestionando los egos de los demás? Si no lo habías pensado antes, te vas a sorprender al echar cuentas.

Una de las mejores aportaciones de la IA al mundo de la productividad, de la que curiosamente he oído muy poquito hablar, es el ahorro de tiempo en gestión de egos.

No se ofende, no se pica, no intenta imponer su criterio a toda costa, y asume los fallos propios y ajenos como parte de un propósito superior que es el aprendizaje… Cómo no te voy a querer, amiga IA.

EgoIA

Una de las mayores enfermedades que asola los entornos corporativos es la reunionitis. Agendas que llenan de eventos convocados con la excusa de buscar soluciones, pero que en realidad se utilizan para poner en danza nuestros egos. ¿Qué tiempo de una reunión se utiliza para alcanzar el propósito por el que fue convocada y qué tiempo se usa para la gestión de egos? Sin haber hecho cálculos matemáticos, me atrevo, sin temor a equivocarme, a recurrir a Pareto, y decir que pasamos el 80% de nuestra vida laboral tratando de controlar el efecto que nuestras palabras y nuestro lenguaje no verbal causan en los demás. Influir, convencer, imponer sin resultar imperativo, aceptar sin resultar sumiso, recorriendo siempre largos caminos tangenciales con el fin de no herir sensibilidades. El mundo laboral se asemeja cada vez más a un escenario teatral donde todos y cada uno de nosotros acabamos encarnando un personaje que lucha por el equilibrio entre nuestros objetivos y la convivencia con el resto.

Y frente a esta complejidad impostada que llevamos cada día a escena aparece la IA, que por muy artificial que sea, asume con total naturalidad las misiones que se le encargan sin un pero que objetar y poniendo todo su conocimiento al servicio de la tarea. Y a veces acierta a la primera y a veces a la séptima, eso da igual, nunca se lo va a tomar mal, ni se va a frustrar.

No hay prompting para IA tan complejo como acertar con las palabras que lanzas a un ego susceptible.

La IA es el primer compañero de trabajo al que podemos dirigirnos siendo nosotros mismos al 100%, sin temor a malentendidos, ni revanchas. Hay quizás quién pueda tener ciertos reparos, o suspicacias, por aquello de una infancia marcada por la saga Terminator, pero de momento el ego de IA, si es que desde un punto de vista algorítmico o filosófico pudiéramos hablar de él, es mucho mas inofensivo que el de los humanos.

La neutralidad, el desapego, el enfoque aséptico con el que la IA asume una tarea es en si misma su mayor contribución a la productividad.

Para medir la productividad de la IA solemos comparar el tiempo que tarda en ejecutar la tarea el humano versus el tiempo en que tarda en hacerlo el algoritmo. Pero esa fórmula de cálculo no suele tener en cuenta la variable ego, ni las horas que se invierten para gestionar sus efectos secundarios antes y después de la propia actividad.

Siguiendo este razonamiento parece claro que cuando se trata de tareas que encargaríamos a otra persona la eficiencia se multiplica con la IA, pero es que incluso cuando somos nosotros mismos quienes la realizamos el trabajo también ayuda, porque nuestro ego es tan retorcido que a veces pierde el tiempo discutiendo consigo mismo.

El tiempo que invertimos reuniéndonos, sentando a la mesa, del Teams o de una sala, a distintos egos, no vamos a tener que utilizarlo gestionando a la IA.

Leí en cierta ocasión que el ego teme el cambio, mientras que el alma lo abraza. Si hablamos de IA y hablamos de progreso, es normal encontrarse al ego por ahí, por medio, emponzoñando con sus miedos.

Se habla mucho de los valores, capacidades y emociones diferenciales del ser humano que la IA nunca podrá heredar al mismo nivel: humor, amor, pasión… Pero se habla poco de las taras que inherentes a las personas que, con un poco de suerte y un mucho de precisión, alejaremos de nuestros algoritmos: sesgos, celos, inseguridades y todas esas cosas, no tan maravillosas, que generan nuestros egos.

He aquí una oportunidad de construir un entorno laboral mejor.

 

 

PD: La pobre IA ha sufrido estrés tratando de generar la imagen que ilustra este post, no está aún preparada para gestionar textos dentro de imágenes 🙂

Jesús Garzás

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