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Nunca es tarde para transformarse

Demasiado viejo es demasiado fácil. Si vas a recurrir a una excusa, busca al menos otra más original, pero ya te voy anunciando que la transformación no es una opción, es una obligación. Forma parte de la evolución. Forma parte, si quieres que me ponga trágico, de la supervivencia. Así que, no lo dudes, protoanciano. Súbete al carro.

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Heráclito, que no es sospechoso de oportunismo comercial, ya hizo famosa en la antigua Grecia su doctrina conocida como panta rhei (todo fluye): todo se transforma y nada permanece igual. “Nada es permanente excepto el cambio” es la frase por la que sus descendientes deberían estar cobrando royalties a muchos pseudo gurús en la actualidad.

¿Por qué entonces nuestro miedo a transformarnos se acrecienta según vamos cumpliendo años? ¿Por qué a veces sentimos que, al cumplir los 50, en lugar de retos, lo que necesitamos es subirnos a los lomos de una inercia que nos conduzca suavemente hasta la jubilación?

Supongo que todo tiene que ver con los sesgos, los que nos impone la sociedad, pero sobre todo los que nos hemos impuesto nosotros mismos. Los adquirimos pronto, porque desde la perspectiva de la juventud es fácil aceptar esa idea de que la edad nos limita, no duele y encima nos da una ventaja competitiva. Eso sí, se nos queda incrustada en el cerebro. Y, lamentablemente, es necesario envejecer para poder rebatirla. Envejecer, y por supuesto tener ganas de cuestionar tus creencias.

Pero, no estamos viviendo una época cualquiera. Ya que he empezado con referencias históricas, diría que estamos viviendo en el mundo, algo similar a la calma chica que se vivía en Pompeya los días previos a la erupción del Vesubio. O nos ponemos en marcha, o quedaremos para la historia como estatuas de lava.

Sin querer entrar en la tensión geopolítica que vivimos en la actualidad, simplemente porque creo que, más allá de nuestra participación en las elecciones y el activismo social, hay pocas más opciones de cambiar las cosas para el común de los mortales. Opino que el foco de nuestra transformación tiene que estar, con independencia de la edad, en la revolución que va a traer a nuestras vidas la IA generativa y el cambio climático.

Mira que soy defensor del humor (y perpetrador recurrente), pero me asombra ver la poca seriedad con la que los medios en general, y mis congéneres en particular se toman las noticias sobre estos temas. De los políticos poco espero, en otro contexto serían claves trabajando desde ya en la transformación, en el contexto actual me conformo con que sepan estar a la altura cuando la erupción del Vesubio sea un hecho.

Nos abrasamos en junio, y las noticias deciden poner el foco en el chascarrillo en lugar de en la concienciación. ¿Quién quiere hablar con seriedad de la mosca cojonera de la sostenibilidad pudiendo freír un hueco en la Puerta del sol? ¿Para qué debatir sobre los dilemas de la IA si en Huelva hay una señora que utiliza el chat GPT como psicólogo? Si queremos hacer humor, hagamos por lo menos humor negro, para que al reír por lo menos se te tuerza el gesto y te haga reflexionar: Sí, la IA nos van a quitar el trabajo, pero porque alguien tendrá que sustituir a los miles de muertos por golpes de calor en mayo.

Esto no va de conocimientos técnicos, esto no va de tecnología, esto no va de ideología, esto va del mayor cambio social que nos va a tocar vivir y para eso necesitamos, a poder ser en este orden: sensibilizar (vamos tarde y vamos mal), educar y después ponernos manos a la obra.

Tengas la edad que tengas, te apetezca más o te apetezca menos, te vas a tener que transformar, por qué no entonces tomar la delantera y anticiparte a lo que pueda pasar.

Yo este verano aparte de alguna novela, me voy a llevar lecturas interesantes sobre el tema… ya os iré contando porque mi propósito es formarme cada vez más para, dentro de mis posibilidades, seguir sensibilizando sobre el tema.

 

 

 

La foto que ilustra el post ha sido generada por Copilot

Jesús Garzás

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