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Perder el pudor sin perder la humildad

Hubo un tiempo en que el pudor era una virtud que caminaba de la mano de la humildad por la vida profesional. Hubo un tiempo en que podías dejar que tus actos hablasen por ti. Un tiempo donde el currículum se metía en el buzón y la reputación se valoraba a través de una carta de recomendación. Ese tiempo ya pasó.

Pudor

Desde que existe esa cosa llamada red social profesional, el pudor ya no suma en positivo en tu vida laboral. Desde luego no a gran escala. Puede granjearte alguna sonrisa cómplice de reconocimiento o puede abrirte una puerta en un momento dado si la persona que encuentras al traspasar el umbral es otro pudoroso que ha sabido valorarlo. Pero el escenario más probable es que perder el pudor amplíe tu abanico de opciones profesionales.

Leía hace poco sobre un tema que me interesa, el ejercicio de malabares que supone intentar sacar el máximo partido a nuestras vidas paralelas, la personal y profesional. Un ejercicio que tradicionalmente se realizaba con dos bolas y ahora se llega a realizar hasta con cuatro si sumamos a nuestras vidas físicas, las virtuales que gestionamos o, según el caso, inventamos en internet.

Inventarse vidas, y sobre todo tratar de mantenerlas en el tiempo es un ejercicio harto complicado, hay gente a la que se le cuela la vejez entre los filtros de Instagram, y se le desborda la creatividad entre los logros, convenientemente plagados de anglicismos, de LinkedIn.

Ante este panorama conviene aclarar que cuando hablo de librarse del pudor, en ningún caso significa liberarse de la honestidad. La verdad nos libera de conjeturas y cuadraturas, y, a los que tenemos un mínimo de conciencia, nos permite dormir cada noche a pierna suelta.

El pudor es un ancla que nos permite mantenernos en tierra, pero también nos puede impedir navegar en buscar de nuevas aventuras. Por eso cada vez más hay que tener claro que no se puede avanzar profesionalmente sin levar esa ancla de vez en cuando.

Es sano, y hasta necesario, que la gente dentro y fuera de tu propia empresa conozca lo que sabes hacer, lo que puedes dar. Librarse del pudor y hablar con honestidad de nuestros logros debe ser asumido como una parte tan básica de nuestra vida profesional como fichar, o discrepar sobre la temperatura del aire acondicionado .

Ojo, que se puede hablar con honestidad con mayor o menor nivel de adorno. Y ahí es donde conviene calibrar con más precisión y donde uno debe actuar conforme a su propia percepción de la realidad. Personalmente creo que la clave a la hora de abandonar el pudor es mantener cerca la humildad. No olvidar que nuestros logros no hablan solamente de nosotros sino del equipo y las circunstancias que nos acompañaban en el momento de alcanzarnos.

Cuando hablamos sin pudor, la humildad nos acerca a los demás, y, por el contrario, volvernos ombligocéntricos es una línea que debemos evitar traspasar porque normalmente nos conduce a la vergüenza ajena.

Perder el pudor es en definitiva una buena práctica, más aún en un mundo donde poder y pudor parecen caminos divergentes, siempre que la honestidad impregne nuestras palabras. Perder el pudor es un buen habito siempre que la humildad te acompañe y te recuerde que cada logro y cada fracaso no fueron más que otra oportunidad de aprendizaje en el camino de la vida.

 

 

humble by Nithinan Tatah from Noun Project (CC BY 3.0)

Jesús Garzás

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