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¿Estás comprometido con tu trabajo o comprometido con tu carrera?

Es bueno que se hable cada vez más del compromiso de los empleados o de su versión inglesa, el engagement, que no sólo suena mejor sino que tiene un sentido más adecuado en alguna de sus acepciones.

No hay empresa de prestigio que no lo mida y que no se jacte de poner en marcha acciones para fomentarlo y conseguir que el porcentaje de empleados comprometidos crezca año tras año. Ningún pero a este tipo de iniciativas. Sólo una observación, para ser un tan unánimemente considerado como crítico, ¿se invierte lo suficiente en él? Y no hablo de la parte económica (que obviamente tiene su importancia), hablo de expandir la cultura general sobre el tema.

¿Se informa al respecto? ¿Se consigue que el empleado lo vincule como algo que atiende a su propio interés tanto como al de la empresa? ¿Lo recompensamos o le otorgamos algún tipo de reconocimiento? Y lo más importante, ¿Sabemos identificarlo?

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Controlar para felicitar, todo un descubrimiento.

Me encanta aprender y descubrir nuevas cosas, por eso a lo largo de mi vida profesional siempre que he asistido a cualquier tipo de formación lo he hecho con la mejor predisposición, lo cual no ha impedido que unos cuantos cursos hayan pasado por mi vida cual rastrojo por película del oeste, sin pena ni gloria, y sin más misión que formar parte del atrezzo de mi hoja curricular.

Otros, la mayoría, me han enseñado nuevas técnicas que durante las semanas posteriores he tratado de poner en práctica con una férrea disciplina que con el tiempo han acabado disolviéndose cual Couldina en vaso de agua dejando un pequeño poso en forma de buenos hábitos adquiridos que han contribuido a una mejora personal. Eso lo considero un dinero y un tiempo bien invertidos.

A veces, no muchas veces, sucede algo que hace que un curso merezca la pena al instante: escuchas algo que activa algún resorte mental y te cambia la manera de mirar al mundo para siempre. Es la magia de escuchar verbalizado algo que en tu fuero interno sabías sin saber. Eso me pasó a mí durante un recomendable ciclo de formación a mandos intermedios de Otto Walter cuando nos hablaron acerca de una herramienta: Controlar para felicitar.

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Caso real de mala gestión de la motivación I – Exposición

Ha llegado el momento de traer un poco de humor al blog, y vamos a hacerlo presentado un caso real conocido por casi todo el mundo, aunque adaptado para la ocasión, únicamente, por supuesto, con fines didácticos.

Hoy haremos la exposición y posteriormente, la semana que viene, habrá un análisis y conclusión que trate de explicar qué se puede hacer para influir positivamente, o cuando menos no hacerlo negativamente, en la motivación de los empleados.

Os dejo ya con la historia que le sucedió en su trabajo a un tal  Noé.

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¿Qué tipo de empleado eres? ¿MI, ME, DI o DE?

Sí, ya los sé, clasificaciones de empleados hay muchas y han dado para escribir muchos libros.  Por eso  hoy no pretendo ni reinventar la rueda ni crear una nueva denominación, sólo posicionarme y, sobre todo, adoptar una terminología que sirva de referencia para futuros artículos.

Creo que en  la vida en general, y en la empresa en particular, si quieres predecir el comportamiento de una persona debes indagar en sus motivaciones.

En mi opinión hay dos tipos básicos de empleados: los motivados y los desmotivados.  Y no parece que haga falta que os gastéis dinero en una llamada al futurólogo Sandro Rey para adivinar cuál de estos pienso que conviene tener a tu lado en el trabajo.

Sin embargo, como diría el capitán Nemo,  no nos quedemos en la superficie. Hagamos un poco de inmersión, lo mismo nos llevamos una sorpresa.

 

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