En el año que acaba de terminar he vuelto a la universidad, un acto que puede ser entendido como pasión por el aprendizaje o crisis de la mediana edad.
Yo, que trato de mirarme con buenos ojos, me inclino por la primera opción. Además, estoy estudiando un máster que me acreditará como profesor de secundaria. Una asignatura pendiente, porque si pienso que la formación puede cambiar a las personas, su acción transformadora se multiplica por mil cuando lo que hay al otro lado es un cerebro adolescente en pleno desarrollo.
¿A qué viene este rollo? Pues porque en los próximos meses mi vida girará en torno al TFM, y qué mejor que compartir aquí mis primeras reflexiones, ya que me temo que este camino que comienza necesitará cómplices.
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